PARTE 4: TROPA DE SCOUTS

PARTE 4: LA EXPLORACIÓN CONTINÚA.

Al atardecer, ya habíamos recorrido todo el parque, era un lugar increíble a pesar de su mal estado, y por la caminata de todo el día ya estábamos cansados, por lo que nos sentamos cerca de un río.

Tenía mucha curiosidad por saber cómo es que habían llegado todos al mismo lugar que yo y en cuánto nos sentamos, les pregunté. Al parecer a cada uno le había sucedido lo mismo que a mi: se congeló todo en sus escuelas y un capullo los llevó a otro lugar, sólo que unos llegaron a playa, otros a las montañas y otra chica al desierto, yo era la única que había ido a la selva. Al igual que yo, también viajaron con algunos compañeros de sus escuelas, pero también después de dormir despertaron solos en Disneyland.

Estuvimos platicando durante un buen rato, hasta que el más pequeño, quien tenía el rompecabezas en sus manos, nos interrumpió. El mapa comenzó a brillar y aparecieron unos puntos de colores iluminando once países, entre todos logramos identificarlos, eran: Estados Unidos, Italia, España, China, Alemania, Francia, Irán, Reino Unido, Suiza, Turquía y México.

Apareció un mensaje diciéndonos que teníamos que visitar esos países, sin embargo, para ese momento nos dimos cuenta que no llevábamos con nosotros ningún equipo especial para acampar, mucho menos para diferentes tipos de climas y suelos, y mucho menos sabíamos cómo llegaríamos a todos esos lugares, sólo teníamos el mapa y los radios que habíamos encontrado, pero realmente eso no nos serviría mucho.

La voz ya conocida por todos, se escuchó desde el agua y nos dijo “Sé que necesitan equipo para la misión que tienen, en este sitio podrán encontrar todo lo necesario para cada lugar que visitarán si saben buscar bien. Esta es la última vez que me escucharán, a partir de ahora, ustedes solos harán el viaje, pero no se preocupen, porque seguramente siempre encontrarán la ayuda necesaria para lo que tengan que hacer. Como un regalo les daré una brújula muy especial, cuídenla mucho, ya que los guiará hacia los lugares a los que tendrán que ir. Les deseo mucha suerte”.

Cuando la voz dejó de hablar, junto al mapa apareció una brújula pequeñita se veía muy antigua pero muy bien cuidada. La estábamos observando cuando la aguja apuntó hacia el otro lado de dónde estábamos. Para ese momento, ya era de noche, así que con mucho cuidado empezamos a caminar siguiendo su dirección hasta que llegamos a lo que parecía un almacén.

La puerta estaba entreabierta, entramos buscando un interruptor para prender la luz y cuando lo encontramos, quedamos sorprendidos: había todo tipo de equipo de acampado, ropa y comida. Todos sabíamos perfectamente que siempre hay que cargar sólo con lo necesario. En el almacén había una computadora encendida y con acceso a internet. Investigamos el tipo de clima y de suelo de los países que se habían iluminado en el mapa, así como sus principales características culturales. Ya que teníamos esa información, buscamos la ropa que tendríamos que usar, el equipo, el tipo de tienda de campaña que necesitaríamos y guardamos comida para los 2 días siguientes, esperando que durante nuestra aventura pudiéramos conseguir más.

Cuando terminamos de preparar el equipaje, nos percatamos que no habíamos comido en todo el día. Hicimos de cenar y nos sentamos juntos para seguir platicando mientras cenábamos. Cuando dieron las 12:00, las luces se apagaron y todo Disneyland se oscureció.  Nos preparamos para descansar y de un momento a otro, todos caímos profundamente dormidos, como por arte de magia.

En la madrugada, un zumbido nos despertó a todos. Nos levantamos muy asustados y vimos flotando entre nosotros una esferita muy brillante, en su interior se proyectaban imágenes, aunque no lográbamos distinguir muy bien qué eran. La esferita poco a poco se fue acercando hacia una de las chicas de la patrulla y en cuánto ella la tocó, la esfera explotó y todo alrededor se convirtió en pura luz. Ésta disminuyó gradualmente, y cuando desapareció por completo, todos nos volteamos a ver, atónitos.

A lo lejos, se escuchó el canto de pajaritos, el mayor de nosotros se asomó por la ventana y nos llamó a todos. El paisaje ya no era el mismo que hace unas horas: afuera del almacén donde pernoctamos había un jardín enorme y un edificio bastante extraño.

–Es una pagoda –exclamó uno de nosotros.

 –¡Estamos en China! –contestó otro…

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