PARTE 7: MANADA DE LOBATOS

PARTE 7: ESCAPANDO DEL DEWANEE

En el capítulo anterior: Oonai y Hermano Gris lograron tomar la flor de la casa del Hombre, este empuñó una antorcha y salió a perseguirlos. Los lobos se detuvieron para ver dónde venía el hombre y este de un salto los atrapó en una red. Hathi venía con su manada corriendo por la selva para rescatarlos: – ¡Es él, ya llegó! ¿Quién es invencible ahora, hombre? ¡No se van a salir con la suya, los animales sirven para comerse! Oonai lleno de miedo: – No llegará a tiempo…

El hombre estaba ansioso por tener de nuevo la flor, estaba dispuesto a hacer lo que fuera por recuperarla -esto es mío – dijo arrebatando la flor del hocico a Hermano Gris – yo lo conseguí y no me lo quitarán ustedes- Rann seguía picoteando la red mientras Hermano Gris y Oonai la mordían para poder liberarse. -¡Lo logramos!- Dijo Rann. -¡Corramos!- Exclamó Hermano Gris y comenzaron su huida. -No pueden escapar de mí!. Los lobos corrieron velozmente -Oonai, vamos hacia ese árbol necesitamos escondernos de la vista del humano en lo que llega Hathi, por aquí- tuvo una idea Hermano Gris, entonces escalaron un árbol. Cuando por fin lo lograron trepar hasta una rama, tomaron un respiro pensando que lo habían logrado.

Debajo del árbol, comenzaban a acercarse otros humanos, en su mayoría, con la flor roja – ¡En algún momento tendrán que bajar! – Gritó un hombre – No se desesperen – Se escuchó una segunda voz – ¡Ay no! Esos lobos van a terminar con la aldea, son la maldición y destrucción, necesitamos deshacernos de ellos! – Una señora gritaba preocupada.

-¿Qué está pasando, Hermano Gris?- Una piedra le había caído en el ojo a Oonaí espantando a los dos lobos – La rama en la que nos encontramos dio un tronido. Hay que salir de aquí – Dijo Hermano Gris – La rama se está quebrando, necesitamos movernos – Ambos se acercaron más a la corteza. -Hathi no llegará a rescatarnos-.

-¿Escuchaste?- Le preguntó Hermano Gris a Oonai – No, ¿qué sucedió? – Respondió Oonai, y ambos observaron  unos círculos blancos que se acercaban a ellos. – ¡No se preocupen! Llegamos a rescatarlos, bajaremos a ahuyentar a los humanos y pensarán que nosotros somos realmente la maldición, nuestras familias también están sufriendo por el Dewanee – Gritó Mang, el murciélago, y bajó junto con los suyos a espantar a los aldeanos, estos comenzaron a mover sus antorchas y se distrajeron. Los lobos bajaron muy despacio del árbol y se alejaron.

El hombre comenzó a sudar, alucinaba y su temperatura se elevaba más y más, escuchaba voces y recordó en su memoria a la anciana sabia del pueblo – Esa flor está maldita – repetía su cabeza – es un tesoro, hombre, mío, las necesitamos – perros… – De pronto, cayó al suelo y soltó la flor que tenía en su mano. Mang se percató de esto y voló hasta ella. – Oonai, Hermano Gris, ¡la tenemos! – el lobo parlanchín sonrío a lo lejos. Uno de los humanos en su intento de ayudar, tiró una antorcha, el incendio comenzaba a propagarse.

Oonai tenía un poco de miedo – tengo que ser valiente como Hermano Gris, necesito ayudarlo, somos un equipo y debemos llegar al páramo con esta flor – Con ayuda de Mang, que ya llevaba la flor, lograron avanzar, iban directo al páramo. -Uno de nuestros amigos elefantes tiene el Dewanee, cayó en el camino cuando Hathi venía para acá- Ko  graznaba esta noticia agitado.

Mientras tanto, dónde se encontraba el Pueblo Libre, Oo la tortuga comenzaba a tener síntomas, ya que Raksha lo había llenado de saliva. -Raksha, me quedaré contigo unos días, creo que el Dewanee se contagia cuando tenemos contacto entre nosotros con la saliva o si bebemos la misma agua. – Dijo Oo – Quédate el tiempo que sea necesario mi querida Oo. – Dijo la loba – Ahora que lo sabemos, debemos de cuidarnos y avisar al pueblo.

-Papá lobo, venimos a poner nuestra fuerza para ayudarte y ayudar a los de la selva – Dijo Mysa, el búfalo – Dinos ¿qué podemos hacer? – añadió Rama, el toro. – Vayan a ayudar a mi hijo y a Oonai, tiene tiempo que Chil, Rann y Ko no me traen noticias, vayan y cuídenlos dijo papá lobo. Rama y Mysa comenzaron a trotar velozmente hacia el Páramo. 

A la mitad del camino, se encontraron a Chil quien iba con papá lobo a darle noticias. ¡Buena estrategia la de ellos! – Dijo Mysa. Ko vigilaba desde un punto para tener vigilados a los humanos. Por su parte, ellos seguían sin saber qué le pasaba al Hombre, como sabían, era viejo, avaro y nadie lo quería ayudar. Él sólo repetía el mismo juego de palabras: tesoro, hombre, mío, las necesitamos – perros.

Mysa y Rama se encontraron a Ko -Tú y yo somos de la misma sangre- y siguieron trotando al páramo, los murciélagos descendieron -¡Toma la flor, Hermano Gris! – El páramo ya estaba cerca y era momento de que ellos continuaran su camino hasta llevar la flor a su lugar. Mysa, Rama y Ko protegían la entrada al páramo, -¡Es momento de dejarla en su lugar, Oonai! – ambos caminaron.

Entraron al páramo -Esto no es como antes – Oonai miraba asombrado – Es más gris de lo que alguna vez lo vimos, además, no sé a qué huele esta niebla – Comentó Hermano Gris. Era un olor putrefacto, mirar al páramo en ese momento, provocaba una sensación de miedo. -Me arden mucho mis ojos, Hermano Gris – comenzó a toser, sentía que le faltaba beber agua, pero todo estaba seco.

Mientras avanzaban, miraron algo que se distinguía entre la niebla. Oonai se colocó detrás de Hermano Gris -Tengo que ser valiente – se decía. Hermano Gris volteó, miró a Oonai – Somos un equipo, no estás solo ¡Yo te defenderé! -Se vió que entre la niebla un ser que abría su boca y se alcanzaban a distinguir sus afilados dientes.

-Se ven cansados- Dijo la silueta dentro de la niebla, los lobos siguieron avanzando. De pronto la silueta comenzó a acercarse también a ellos. – Creo que ambos necesitan beber agua y cumplir su misión, también vine a protegerlos – dijo Jacala el cocodrilo, y los 3 se acercaron al lugar de la flor.

-Es momento de regresar todo a la normalidad- Dijo Hermano Gris, poniendo con su hocico la flor en su lugar. -¿Qué está pasando? Preguntó Oonai -No lo sé, se supone que…- Chil, Ko y Rann descendieron de las alturas y se posaron frente a la flor, mirándola fijamente. Esta comenzó a deshacerse, los pétalos cayeron al piso haciéndose grises, la flor estaba podrida como el páramo. Una lluvia intensa comenzó a caer, la esperanza de los lobos de salvar a los del Seeonee moría como la flor. -¡No puede ser, la flor se ha muerto!, ¡el pueblo no podrá salvarse! ¡mamá loba y los demás no tendrán cura! ¡todo es culpa de ese hombre ambicioso que desató el Dewanee!.- Dijo Hermano Gris – ¿Cómo le vamos a dar la noticia al Pueblo Libre?- la lluvia y los truenos continuaban, un barritar se escuchó, el fulgor cambió… ¿Lo habrán logrado?

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