PARTE 6: TROPA DE SCOUTS

PARTE 6: UN MISMO EQUIPO

Despertamos en otro país totalmente diferente, cuando vimos el Coliseo Romano junto a nosotros, inmediatamente supimos que estábamos en Roma, Italia.

Al igual que en los lugares anteriores, la gente estaba congelada, algunos estaban comprando, otros andaban en bicicleta y otros estaban tomando fotos al Coliseo.

Aún no lográbamos entender muy bien por qué la gente había quedado estática, pero seguramente en algún momento lo íbamos a descubrir.

Decidimos ir a buscar comida, ya que en la semana que pasamos en China, nos terminamos nuestras provisiones.

Recorrimos la Ciudad durante todo el día hasta que juntamos suficiente comida para una semana más y de paso, conocimos el lugar. Roma era totalmente diferente a China, los edificios, las plazas y la gente.

Ya estaba atardeciendo, cuando a lo lejos, vimos un edificio alumbrado. Nos acercamos para ver que era y nos dimos cuenta que era como un hotel, pero más acogedor.

Entramos y la persona que estaba en la recepción estaba de espaldas y para sorpresa de todos nosotros, no estaba congelada. Asombrados, nos acercamos para hablar con ella y cuando volteó, resultó ser una chica de nuestra edad. Quisimos preguntarle algo, pero nos lo impidió un pequeño detalle: ella hablaba italiano y no entendía nada de lo que decíamos y viceversa, nosotros no entendíamos nada de lo que decía.

Se nos ocurrió dibujar nuestras preguntas para ver si así nos entendía y funcionó.  Nos invitó a pasar la noche ahí y cuándo entramos, vimos a más chicos que también hablaban italiano, uno de ellos, por suerte, sabía un poco de español, así que eso nos ayudó muchísimo para poder comunicarnos.

Resulta que su historia era parecida a la nuestra, un día todo se quedó pausado y ellos eran los únicos que podían moverse y así como nosotros, todos también eran scouts. Todos ellos decidieron quedarse juntos y escogieron ese lugar porque era de uno de los papás de los chicos, entonces desde el día en que todo se paró estuvieron viviendo ahí. A diferencia nuestra, ellos no se fueron a otros lugares y ninguna voz les daba instrucciones, seguramente cuando nosotros contamos lo que nos sucedió, creyeron que estábamos locos.

Nos compartieron de lo que iban a cenar, era pasta, muy buena, por cierto, y después de un rato de platicar nos fuimos a dormir a la habitación que nos compartieron.

A la mañana siguiente, ya no estábamos en el hotel, como era de esperarse, estábamos en un pueblito pequeñito, a la mitad de una plaza, pero esta vez, nuestros nuevos amigos italianos estaban ahí. Cuando se dieron cuenta, estaban confundidos y asustados, pero nosotros que ya estábamos acostumbrados, los tranquilizamos.

De pronto nos dimos cuenta de que junto a nosotros estaba un chico, el cuál, llevaba un bastón y lentes oscuros. No sé cuánto tiempo llevaba ahí, porque nadie lo vio llegar.

Cuando le preguntamos que quién era, no nos dijo su nombre, lo único que dijo fue que llevaba días esperando nuestra llegada. Ahora todos estábamos confundidos. Seguramente él lo notó con nuestro silencio porque enseguida nos explicó que un día todo se paró y que escuchó una voz que le dijo que pronto iban a llegar chicos que lo podrían ayudar a que el lugar en el que vivía fuera más accesible para él y para los demás chicos que también tenían alguna discapacidad. Bueno, eso fue lo que entendimos gracias al chico italiano que sabía medio hablar español.

Nos llevó a recorrer su pueblito y nos fue explicando que para él era muy difícil andar solo, ya que en la calle y los lugares públicos no había la señalización adecuada para que él supiera en dónde estaba o por dónde podía ir. También nos enseñó que las banquetas no eran accesibles para gente en silla de ruedas. Al final del recorrido nos dijo que nuestra misión era ayudar a que el lugar fuera más amigable con las personas con discapacidad y que para ello primero teníamos que prepararnos.

Ya era de noche al final del recorrido, así que nos dijo que descansáramos bien porque al día siguiente nos iba a llevar a un lugar especial, por lo que le hicimos caso y nos fuimos a cenar y dormir.

En la mañana, nos despertó temprano y empezamos nuestro viaje hacia el lugar que nos comentó, caminamos algunas horas hasta que por fin llegamos. Era un edificio enorme y muy bonito. Entramos llenos de curiosidad y vimos que era un centro de Rehabilitación. Nos emocionamos mucho, ya que nunca habíamos estado en uno. Alguien estaba al fondo del pasillo esperándonos, era una chica joven, algunos años más grande que nosotros y por suerte, si hablaba español.

Ella fue la encargada de darnos el recorrido por el Centro de Rehabilitación de la Fundación Teletón y nos fue explicando cada una de las acciones que se realizaban ahí y también las diferentes discapacidades a las que se enfrentaban chicos y chicas que asistían al lugar. Nos dio algunos talleres de cómo era el lenguaje adecuado que debíamos utilizar al momento de tener contacto con estos chicos y las diferentes formas en que los podíamos apoyar.

Estuvimos un fin de semana recibiendo la información necesaria y las instrucciones que necesitábamos para poder cumplir con la misión que se nos había asignado, por lo que estábamos muy motivados para salir y tomar acción.

Lo último que nos explicaron fue que íbamos a recorrer varios lugares de Italia para ayudar y que también nos llevarían a Alemania, porque ahí también necesitaban nuestra ayuda.

Durante una semana estuvimos viajando por ambos países, ayudando a mejorar las banquetas de la calle, poner señalizaciones y otras soluciones a problemas que fuimos encontrando.

Terminamos nuestra misión en Berlín y como última tarea, nos pidieron que no dejáramos de hacer estas acciones en nuestros lugares de origen, que nos acercáramos a los Centros de Rehabilitación y conociéramos mejor su funcionamiento.

Una de las chicas de mi patrulla comentó que ella cada año ayuda a recolectar fondos y va a donarlos al Centro de Rehabilitación más cercano a su casa, por lo que a todos nos pareció una gran idea hacer lo mismo.

Después de una semana de arduo trabajo, decidimos acampar con una fogata y compartir la noche con los chicos de Italia con los que convivimos durante toda la semana. Después de unas horas de cantar, reír y contar anécdotas nos fuimos a dormir.

Regresa a la página principal

0 Shares