PARTE 6: MANADA DE LOBATOS

PARTE 6: ESCAPANDO DEL DEWANEE

En el capítulo anterior. Papá Lobo y el resto de los animales, trataban de conseguir alimento para ayudar a los que no estaban contagiados. Oonai y Hermano Gris intentaban conseguir la flor que El Hombre Robó en el Páramo. ¡El hermano de Mowgli de un brinco entró a la casa!.

La aldea del hombre estaba en caos, habían perdido a uno de ellos por culpa del Dewanee, y la única manera de que esto no volviera a ocurrir, ni en Khaniwhara ni en el Seeonee, era devolver al Páramo, la flor que el hombre había robado.

Oonai muy nervioso observaba los movimientos sigilosos que Hermano Gris tenía al momento de entrar a la casa. -Mi amigo ha aprendido muy bien de Bagheera, puedo escuchar perfectamente el silbido del viento y él no se distingue entre la oscuridad- decía el lobo sin quitarle la vista de encima a Hermano Gris.

El hermano de Mowgli trataba de confundirse con la oscuridad, iba casi arrastrándose por la casa. Al momento de llegar junto al Hombre, que dormía profundamente, se dio cuenta que la flor estaba arriba de su cabeza. Hermano Gris se aproximó a la orilla de la cama, subió una pata y al instante cayó al suelo una taza y se rompió. El Hombre abrió uno de sus ojos y movió su mano, Oonai se percató de eso y comenzó a aullar para llamar la atención del hombre.

-Papá lobo, Hermano Gris ya entró a la casa del hombre, en cualquier momento lo van a descubrir. Necesita ayuda – gritaba desde el cielo Rann. -Hathi irá para allá con su tropa de elefantes, necesitamos proteger a Oonai, a Hermano Gris y a la flor, regresa y no dejes de informarnos – Dijo Papá Lobo y Rann se fue volando. El lobo dejó que todos siguieran con sus tareas para mantener alimentado al Seeonee y salió corriendo a buscar a Hathi.

Oonai ladraba tan fuerte que comenzó a despertar a toda la aldea, el Hombre se levantó y corroboró que la flor estuviera en su lugar. Cuando Oonai vio que se despertó, salió corriendo detrás de la choza. Hermano Gris brincó a la cama y tomó la flor mientras el Hombre se asomaba a la ventana gritando: – ¡Hey! Dejen dormir, perros mugrosos. Más vale que su dueño los haga callar o yo mismo lo haré con una patada- cuando el hombre volvió a la cama, agarró de nuevo su flor… aunque ya no era la flor del Dewanee, ¡Hermano Gris la había sustituido por un brócoli que encontró sobre la mesa del comedor! El hombre no se dio cuenta y abrazó felizmente el brócoli, sumergiéndose en un profundo sueño.

-¡La tenemos Oonai, la tenemos! Ahora debemos regresar al páramo. Mira qué hermosa es – Hermano Gris la contemplaba, Oonai iba en silencio al lado de él, muy preocupado y con su cabeza abajo, miraba hacía todos lados. -Hermano Gris, estoy escuchando ruidos ¿Los escuchas? – Hermano gris negó con la cabeza. Detrás de ellos, venía el hombre acechando sus huellas, seguía sus rastros, en su mano traía un palo con una punta muy afilada. Estaba furioso.

En la selva, Raksha empeoraba a cada momento, ya no se podía poner en pie, los cachorros no se acercaban porque Papá Lobo les había dado esa instrucción. Ella cada vez perdía más el aire, su temperatura se elevaba. Entró la tortuga por la puerta – Raksha, traigo esta medicina que hice con unas plantas medicinales, ya lo intenté todo, ¿podrías comerlo? – Oo se acercó a Mamá Loba, le estiró el palito en donde tenía la medicina, ella lo probó y estornudó, llenando a Oo de saliva.

Chil y Ko sobrevolaban la aldea del hombre en busca de Hermano Gris y Oonaí, de pronto vieron al hombre encendiendo una antorcha, dispuesto a dañar a los lobos y con ellos, la flor. Rann se les unió -¿Qué hacemos Chil? – Preguntó Ko, – No sé, creo que debemos bajar y asustar al hombre para que se den cuenta nuestros amigos – Dijo Chil – ¡Tengo una mejor idea! Hay que quitarles la flor y tomarla nosotros para que llegue más rápido al páramo.- Dijo Rann. – es una buena idea – Sentenció Ko y las tres aves comenzaron a descender a alta velocidad En cuanto el hombre se dio cuenta, empuñó la antorcha y le quemó una ala a Ko; Ran y Chil se detuvieron para ir a ayudarlo. – Ve a avisar a Hathi, Rann, no podemos hacer esto solos – Rann comenzó a volar en dirección al Seeonee.

A la mitad del camino se encontró al elefante – Rann por favor puedes volar a Khanhiwara para ver cómo están las cosas y avisarnos si los hombres aún siguen encerrados en sus chozas y así poder tener un plan para traer de regreso a nuestros hermanos lobos. – Dijo el elefante. – ¡Ya tienen la flor! venían de camino para acá pero a estas alturas El Hombre debe haberlos capturado, necesitan que te des prisa. – dijo alarmado Rann.

Hermano Gris y Oonai se percataron de los chillidos de Ko y vieron la luz de la flor roja del hombre, – ¡Oonai, corre! – gritó Hermano Gris – ¡Pero Ko y Chil! – Oonai estaba angustiado – ¡Corre! no podemos ayudarlos, el Hombre se llevará la flor ¡huyamos! – – Dijo Hermano Gris – ¡Sí podemos! – sentenció Oonai – necesitamos dividirnos hasta que llegue Hathi –  En ese momento, comenzaron a sentir que el piso vibraba bajo sus patas el hombre se espantó y cuando vio que los lobos también estaban perplejos, aprovechó y trepó a un árbol, bajó por detrás de ellos y los atrapó con una pesada red.

-¿Ahora cómo saldremos de aquí? – Dijo Oonai – No lo sé, algo se nos ocurrirá,  solo espero que Hathi no tarde demasiado, de lo contrario, el Hombre va a deshacerse de nosotros – Dijo hermano Gris.El hombre comenzó a descender del árbol – Esta flor es mía y de nadie más, ¡jamás se la llevarán, lobos inútiles! – Alzó su antorcha y estaba a punto de quemar la red para acabar con los lobos, cuando a lo lejos escucharon a Rann, volando a toda velocidad hacia ellos. Chil se le unió, y mientras su amigo distraía al hombre, volando y aleteando en su cara, él mordía y picoteaba la red con todas sus fuerzas para romperla y liberar a los lobos.

La selva y la aldea del hombre estaban en peligro; se escuchó el ruido de los elefantes que venían a toda prisa – Es él, ya llegó…- Dijo Oonai – ¿Quién es invencible ahora, Hombre? – Sentenció Hermano Gris. -No se van a salir con la suya, ¡los animales solo sirven para comerse! – amenazó el Hombre

-¡Aleja tu antorcha de ahí! Chil, Rann detengan a ese humano, de lo contrario destrozará la aldea…- Ordenaba Hathi mientras llegaba con toda su manada. El Hombre bajó la antorcha y quemó una parte de la red, Hermano Gris, asustado la soltó de su hocico – No llegará a tiempo-

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