PARTE 5: TROPA DE SCOUTS

PARTE 5: EL LEJANO ORIENTE

Estamos en China! – grité muy emocionado cuando vi la Pagoda frente a nosotros y en ese momento todos voltearon a verme, entonces les platiqué que durante algunos años he sido fan de la cultura de este país y veía muy lejana la posibilidad de venir a visitarlo.

Aquí ya era de día, porque al estar del otro lado del mundo, los horarios son diferentes. Busqué la ropa adecuada y apresure a los demás para que pudiéramos salir a conocer la ciudad.

Al igual que en los lugares anteriores, todas las personas estaban congeladas, por lo que esta exploración iba a ser más complicada ya que no sabíamos sobre el idioma. Yo conocía algunas palabras porque empecé a tomar clases de mandarín, pero la escritura no era mi fuerte todavía y sabía que no en todo el país era la misma forma de hablar y escribir.

Solo uno de mi patrulla pudo reconocer el edificio que teníamos enfrente, era la llamada “Pagoda Blanca”, la cual tiene una forma particular muy diferente a las que se ven en caricaturas o películas, por lo que supe que estábamos en la capital de China: Beijing.

Recorrimos toda la ciudad y era mejor de lo que había imaginado, seguía sin creer que estábamos ahí. Estaba muy concentrado en mis pensamientos, hasta que una de las chicas habló:

-¿Qué es eso?- dijo mientras señalaba una especie de caja que estaba flotando en el aire.

Nos acercamos un poco nerviosos y parecía un aparato, sólo que no entendíamos cómo funcionaba. Decidimos tomarlo para poder verlo mejor pero en cuanto uno de nosotros lo agarró, se soltó un fuerte viento y todo empezó a dar vueltas. Cuando todo se calmó, ya no estábamos en el mismo lugar que unos segundos antes, ahora estábamos en un lugar más antiguo.

No entendíamos nada de lo que acababa de pasar, hasta que unos minutos después alguien dijo:

-¿Y si al igual que la vez anterior, tenemos que buscar objetos?

-Tienes razón, seguramente la misión es encontrar más cajas como esta – dije, imaginando que teníamos que armar otro mapa.

Estuvimos dos días en el mismo lugar, caminando y conociendo, pero no encontramos ninguna caja. Empezamos a desesperarnos porque creíamos que sería sencillo, así que nos sentamos a pensar cerca de lo que parecía una fuente. Estábamos comiendo cuándo nos dimos cuenta de que, dentro de la fuente, algo estaba brillando. Corrimos para ver qué era y no encontramos ninguna caja, pero en su lugar, vimos lo que parecían unas piedras preciosas de color azul, las tomamos y sucedió de nuevo lo que en Beijing, todo dio vueltas y aparecimos en otro lugar.

Durante una semana estuvimos recorriendo distintas ciudades y lugares de China, encontrando piedras de color azul, rojo, verde, ámbar y algunas transparentes. No entendíamos qué hacer con ellas, porque la caja no se abría y solamente tenía una ranura por la cual no entraban las piedras, pero estábamos seguros que en algún momento sabríamos qué hacer.

En la última ciudad a la que viajamos, no encontramos más piedras ni cajas. Pensamos que esa sería la última parada, sin embargo, en la noche del día en el que llegamos a ese lugar, en lo alto de una pagoda, vimos algo brillar.

Buscamos la forma de subir hasta la punta. Para nuestra suerte, esta vez sí llevábamos cuerdas y equipo para escalar, por lo que entre todos ayudamos al que iba a subir tomando todas las medidas de seguridad necesarias.

Cuándo bajó nos enseñó una tarjetita, la cual decía nada. Esta vez cuándo la tomó no fuimos a ningún lado. Estábamos muy confundidos.

Regresamos al lugar en el que decidimos pasar la noche, y después de cenar, pensé que quizás la tarjetita podía entrar en la ranura que tenía la caja. Les pedí a los que tenían ambas cosas que me las prestaran y, cuando traté de insertar la tarjetita, entró perfectamente. Sucedió lo mismo de las veces anteriores: llegamos a otro lugar.

No estábamos en alguna ciudad o población, estábamos en un lugar desierto, pero no como los que conocemos con arena y cactáceas. Parecía que ese lugar, en algún momento, había sido un bosque.

Una de las chicas volteó a ver la caja y nos llamó. La caja estaba abierta y dentro de ella había varios espacios con las formas de las piedras que habíamos encontrado a lo largo de la semana. Rápidamente empezamos a acomodar una por una, en el lugar en el que encajaban y después de poner la última, un destello iluminó el lugar llenando poco a poco todo de color.

Los árboles empezaron a tener hojas verdes, el suelo se llenó de muchas plantas y flores, en una porción de tierra de la nada empezó a emanar agua, el cielo se veía muy azul y animales empezaron a llegar.

Nos emocionamos mucho, al parecer nuestra misión estaba hecha. Decidimos que era momento de descansar. Nadamos un rato en el lago, preparamos de cenar y al mismo tiempo que estábamos cenando, quisimos ver el mapa que llevábamos con nosotros, en ese momento, el territorio de China se pintó de un color verde brillante. Después de esto nos fuimos a dormir.

A la mañana siguiente despertamos y ya no estábamos rodeados por el verde y azul de la naturaleza, en su lugar se encontraba una construcción que todos habíamos visto en las películas: El Coliseo Romano.

Regresa a la página principal