PARTE 4: COMUNIDAD DE CAMINANTES

PARTE 4: DE CÓMO POR UN GRUPO DE JÓVENES SE REALIZA LA PASIÓN DE CRISTO DE UNA MANERA MUY ESPECIAL.

Por fin lograste terminar las lecturas y pasaste tus exámenes, esperando no tener que regresar a repasar esos capítulos tan desastrosos en la historia de la humanidad, pero sabías que eso no sería posible. Afortunadamente, empezaban las vacaciones de Semana Santa, aunque este año serían bastante diferentes. Recordaste cuando de niño iban con tu abuelita a visitarla y asistir en esos días a ver la “Pasión de Cristo en Iztapalapa”, una tradición que terminó cuando tu abuelita ya no podía caminar tanto y ustedes crecieron. Pensaste que sería un buen detalle hacer una llamada con tu abuelita para, aunque sea, platicar un poco y recordar esos momentos en los que eras menor y no te preocupabas por nada, más que ponerte tu casco romano de cartón, comprar una nieve o unas jícamas con chile y limón y aguantar en el sol a que empezará la función.

Una tía le había enseñado a tu abuelita a hacer video-llamadas poco antes de que empezara la cuarentena, afortunadamente, y así es como había estado logrando comunicarse con todos. A veces ustedes le llevaban alimento y otras, tus familiares y vecinos la apoyaban, aunque definitivamente, nadie cocinaba como ella. Era una mujer muy fuerte para su edad y, aunque ella decía que podía ir al mercado y al súper, no debía salir por el riesgo sanitario. Tenía un jardín en el que sembraba varias cosas, incluso tenía su composta, desde que tienes uso de memoria, recuerdas que ella ya separaba los residuos y los aprovechaba. A pesar de ser la más obstinada de la familia, entendió y se dejó ayudar; le prepararon un botiquín y una mochila de emergencia que pudiera utilizar sin problema, además de ponerle los números de emergencia a la mano, un mapa con los lugares importantes, como hospitales, tiendas, oficinas de gobierno, etc. Hubo un momento en el que dijo que ella sola podía bastarse a sí misma, pero aún así, le ayudaron. Definitivamente, es la integrante más obstinada de la familia.

El día de la video-llamada fue el sábado en la noche. Le contaste lo que hicieron en los scouts, que, por cierto, ella no entiende muy bien de qué se trata, pero siempre los ha apoyado a ti y a tus hermanos a que vayan “en lugar de estar de ociosos”, como dice ella. Le dijiste que en la Comunidad hacían actividades en línea por la cuarentena y tu abuelita no dejaba de maravillarse de cómo la tecnología nos hace la vida más fácil.

–En mis tiempos nos hubiéramos vuelto loquitos estando encerrados tanto tiempo. Nos la pasábamos jugando en la calle o en los parques, yendo por la leche o las tortillas, al mercado por el mandado o al Centro por enseres de costura. Ustedes están todo el tiempo con el aparatito, no se despegan nunca –te decía tu abuelita, como hace siempre que la visitan y les pide que hicieran alguna labor de la casa cuando los ve utilizando el celular o los videojuegos.

Para cambiar de tema, le pediste que te contara de la Semana Santa en Iztapalapa, si se acordaba de lo que hacían, de lo mal que lo pasabas cuando tenías como cuatro o cinco años, porque había mucha gente y te apachurraban, pero que sabías que todo sería compensado con una golosina fresca y una rica comida. De cómo los actores con rasgos evidentemente mexicanos, realmente te trasportaban a la época de Cristo.

–¿Sabías que todo empezó por una epidemia? Un tipo de cólera causó que hubiera varios muertitos por todo el país. Los habitantes de Iztapalapa, estaban muy asustados, pedían con desesperación por la vida de sus seres queridos. Le rezaban al Señor de la Cuevita, que está en una iglesia muy cerca del centro del pueblo de Iztapalapa, y en esos días lo visitaban y le pedían que detuviera a la Muerte. En septiembre –prosiguió tu abuelita– varios vecinos se organizaron y fueron en procesión a su santuario, en las faldas del Cerro de la Estrella, para pedir que los ayudara y se acabara la enfermedad. Esto nos lo contaba mi mamá en estas fechas, para que no se nos olvidara esta tradición familiar que empezó con su abuelita, una de las personas más devotas que hayan existido en la familia y al parecer, empezó a ser así porque le tocó “enterrar” a varios vecinos y algunos familiares. Según esto, a esa primera procesión, hace ya casi 200 años, asistieron principalmente niños y jóvenes, entre ellos mi bisabuela.

–Milagrosamente, para octubre, sólo se registraron cuatro muertes –continuó–, los pobladores agradecieron al Señor de la Cuevita el milagro. Como muestra de gratitud, empezaron a representar la Pasión y Muerte de Jesús con su imagen y esculturas. Pero los jóvenes querían involucrarse más, y se les ocurrió recrear la Pasión. Después de muchos años, por ahí de principios del siglo XX, el pueblo decidió que sería mejor hacer la representación con actores.

–Muchas cosas han cambiado, muchas gente ni sabe porqué se celebra de esa forma la Pasión en Iztapalapa, pero hay quienes sí y lo celebran con mucho gusto y respeto. Adornan muy bonito, hay fiestas por todas partes, sobre todo en los barrios que se encargan de la escenificación del martirio de Cristo: La Asunción, San Ignacio, Santa Bárbara, San Lucas, San Pablo, San Miguel, San Pedro y San José, que a pesar de vivir su vida como cualquier capitalino, esta tradición es bien imprtante para ellos (y nosotros), ellos mantienen un ancestral apego a la tierra, siguen cultivando sus tierras o siembran su milpa en terrenos cada vez más chiquitos por el crecimiento de la ciudad. Es muy triste… Después de varias preguntas que le hiciste a tu abuelita y varios consejos que te dio, se despidieron. Te había conmovido la pasión con la que tu abuelita te contó esta historia y te sentiste más la cercanía a tus antepasados, aunque no los hubieras conocido y que al final de todo, han ayudado a moldear quien eres.

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