PARTE 3: COMUNIDAD DE CAMINANTES

PARTE 3: DE COMO ENTENDÍAN LAS ENFERMEDADES NUESTROS ANTEPASADOS

Las ganas de ir al baño hicieron que despertaras. Cuando regresaste a tu cuarto, viste el reloj y estabas a penas a tiempo para ir a clase. A esa hora ya todos en casa estaban en el trabajo en la escuela. Te preparaste rápidamente, desayunaste y saliste a la escuela.

Entraste al salón segundos antes de que cerraran la puerta, el examen iniciaría en unos minutos, pero antes, el maestro preparó la pantalla para pasar un documental. Era ahora o nunca, debías poner mucha atención, ya que los exámenes de este profesor eran famosos por basarse más en los videos que presentaba que por las lecturas que dejaba de tarea. Y tú tenías la mejor de los métodos para entender una película que desarrollaste desde que eras menor: te imaginabas estar dentro de ella para vivir mejor las historias, una especie de 4D personal.

El documental trataba sobre como las poblaciones prehispánicas ya se habían topado con alguna pandemia, antes de la llegada de los españoles, un tipo de influenza y la enfermedad por sí misma no fue la que causó la epidemia, sino que tuvo más que ver con cuestiones de nutrición…

Cerraste los ojos y una vez más, estabas en la gran Tenochtitlan. Eras un habitante más y te encontrabas en medio de una acalorada discusión entre algunos habitantes de la ciudad y otros personajes que parecían ser alguna autoridad, por las ropas y adornos que portaban. Estaban sometiendo a algunos campesinos porque no habían cumplido con la entrega de tributos. Los hombres explicaban que los cambios climáticos habían afectado las cosechas y por eso no pudieron pagar el tributo. Los guardias de las autoridades empezaron a maltratar a los campesinos y no pudiste aguantar más y te lanzaste contra ellos –no sé qué pasaba por tu cabeza, ellos estaban armados cada uno con su macuahuitl y su chimalli–, pero afortunadamente otros pobladores te siguieron y defendieron a los campesinos. La discusión inicial se debía a que en los graneros reales había suficiente alimento y los tributos que había que pagar a los gobernantes eran muy altos.

Arrestaron a todos y los encerraron. Mucha de la gente en la prisión estaba desnutrida y, por lo tanto, enferma. Esto era causado por la falta de alimento debido a las sequías e irónicamente, también a inundaciones. Por lo visto el clima tan cambiante del Valle de México no es nada nuevo. En la celda que se encontraba frente a la tuya, unos guardias sacaron a varios presos que acababan de morir, al parecer, de influenza. Un preso bastante viejo que estaba encerrado contigo notó tu cara de angustia y desconcierto.

–Tú no eres de por aquí, ¿verdad? –preguntó el anciano.

–Técnicamente, sí… –contestaste, mientras pensabas decirle que con una diferencia de poco más de 500 años en el futuro. Pero no lo hiciste, pero sí le pediste que te contará qué era lo que pasaba con todas esas personas enfermas.

Ese anciano empezó a hablar sobre las enfermedades y qué las causaba, comenzando por los dioses y te diste cuenta en ese instante de que eran más de los que recordabas. Había dioses para todo: del maíz, del fuego, de los artesanos, del tiempo, del agua, de las cosechas; los objetos, los oficios, los habitantes de las ciudades, los gobernantes, todo tenía esencia de los dioses y, por lo tanto, unos tenían jerarquía más alta que otros en la sociedad; pensaste que era algo bastante injusto, pero era la manera en la ellos veían la vida. El viejo continuó hablando sobre algo muy importante que tenía que ver con la salud y las enfermedades.

–Recuerda que tenemos tres almas: una en la cabeza, otra en el corazón y otra en el hígado y cada una tiene que ver con las enfermedades. ¡Como la del espanto! –en ese momento quisiste reír, porque te acordaste que tu abuela te habló de esa enfermedad, pero tú no le diste importancia, creíste que eran cosas de viejos. Aguantaste la risa por suerte. Tiempo después, el maestro les explicó que el espanto era una de las enfermedades más importantes para la época y que tiene que ver con un daño psicológico, como cuando alguien pasa por una situación traumática. El anciano notó tu distracción, pero no le dio importancia y continuó –si alguien es espantado, el alma de la cabeza se va y tenemos que hacer una ceremonia especial para que regrese al cuerpo. Por otro lado, hay enfermedades que tienen que ver con el frío y el calor. La esencia fría viene del inframundo y la caliente, del cielo. La gripe, la diarrea, los dolores de cabeza, todas ellas tienen que ver con lo frío y lo caliente. –y fue ahí cuando recordaste otra frase de la abuela “no le des sandía a la criatura ahora que está con esta enfermedad, porque es una fruta fría”, por lo tanto, tampoco es algo nuevo o que inventó tu abuela.

Después de esta pequeña explicación, empezaste a entender cómo percibían la epidemia de viruela que llegó con los españoles. Estabas poniendo tanta atención a lo que te contaban que no te diste cuenta que un grupo de guardias irrumpieron en el patio de la cárcel y uno de ellos con un gran vozarrón comenzó a dar un mensaje:

–Nuestro magnánimo emperador ha tomado la determinación de entregar alimento de sus bodegas a los más desprotegidos, con la condición de que no dejen de sembrar. También, dentro de su misericordia, ha decidido suspender el pago de tributos por tiempo indefinido. La gente empezó a celebrar, aun estando encerradas. Algo es algo, pensaste…

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